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Conducta polígama

 
    En la naturaleza, según el sabio Lavoisier, nada se crea ni se destruye sino que no hace más que transformarse. Igual que los hay propensos a anginas, tampoco faltan quienes sean propensos a poligamias y otras suertes de aberraciones. El Iscariote Reclús tuvo amores con once damas, que se sepa: La Consuelito Tronchón, la Nati Fernández Aviados, la Doña Inmaculada Mochos de Sahagún, la Lolita Murillo también llamada Ratona Trípili Salmonete, la Generosa Villárdiga Sampil, la Valentina Chaquinote Mogatar, la Leoncia Cardeñuela Alaraz, la Maruja Argusino, la Cloti Valero Peromingo, la Bonifacia Sayaguante García y la Tomaseta Ripoll Ripoll, todas gordas. A las dos primeras las conoció de manera imperfecta (quiere decirse que no se las benefició o tiró o zumbó) y con las otras nueve tuvo relaciones íntimas o trato pompeyo. Con la Generosa y con la Valentina hizo vida marital, y con la Leoncia, la Maruja, la Cloti, la Bonifacia y la Tomaseta se casó, con la última hasta por la iglesia; como la pentagamia no es figura de delito prevista por el código penal español el Iscariote pudo librar de la acción de la justicia sin mayores desvelos ni preocupaciones.
    -¡Los hay que no escarmientan!
    -Sí, señor. Y también los hay desidiosos, que no se quitan las ladillas por haraganería. La verdad es que la especie humana es muy varia y mochilera.
    -¿Mochilera?
    -Sí, señor, mochilera: que muda de parecer sin fundamento y sin licencia de Dios.
    -Ya. Y eso, ¿viene en el diccionario?
    -No, señor, en el diccionario no viene.
    La Generosa Villárdiga Sampil, alias Perlina, tenía el pelo como el azafrán y era cachigorda, fosforescente y fecunda. La Valentina Chaquinote Mogatar, alias Abuje, gastaba trenza que le llegaba hasta la rabadilla y se enseñaba turbulenta, margaritona y gilí; fue mujer cuyo mal carácter no mereció clase alguna de miramiento (ni siquiera el debido al bello sexo). La Leoncia Cardeñuela Alaraz, alias Candil, pintaba cuadritos al pastel y devoraba un cordero (lechal o pascual, según la estación) como quien silba. Su padre era muy ordenancista, déspota y mala uva. La Maruja Argusino San José, alias Maruchi y también Meona, salió más puta que un grillo, ésa es la verdad, pero todo pudo perdonársele en atención a que estaba como un tren. La Meona era sobrina nieta de Licinio el Grajo, cachirulo de la Doña Máscula, también conocida por Tole-Tole de la Pajarera, cuñada del relator de esta verídica historia. La Cloti Valero Peromingo, alias Borromea, lució siempre amondongada, dignísima y sentimental y acabó escapándose con un faquir de Fuente el Guijo (Palencia) que se firmaba Sidi Terremoto. La Bonifacia Sayaguante García, alias Caracolillo, pintaba la figura botija y el ánimo constante y regocijado. ¡Daba gusto ver a la Boni, toda escotada y jaranera, con sus carrillos, sus tetas, sus cachas, su alegre sonrisa, su mirada noble y sin recelo! ¡Qué lástima que la matara el tren!
    -¡Y usted que lo diga! ¡Qué mal repartida está la desgracia: atropellos, tufos, chispas, coces, aguas mansas, pedradas que vienen volando, etc.! Bien mirado, ¡qué mal repartido está todo!
    La Tomaseta Ripoll Ripoll, alias Fotja, jamona llucmayorera (les dicen llucmayorencas, fuera de Llucmayor) murió de parto y sin ninguna gloria. La Tomaseta fue muy lucida y volumétrica pero, como pasó a mejor vida, cuenta poco.
    Al Iscariote, las dos esposas que más le llegaron a complacer fueron Maruchi la Meona (por la buena disposición y consistencia de sus magras) y Boni la Caracolillo (por su genio pajarero y su vivacidad). Las dos le duraron poco.

 

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